sábado, 31 de enero de 2015

Nepal... Un viaje a la realidad.

Caminando por el Centro Pompidou brilla un mundo lleno de luces y colores, donde el arte se mezcla con la cotidianidad y la vida se transforma en una fantasía que fácilmente puede engañar a cualquiera y sumirnos en un mundo irreal donde un velo de tecnología nos envuelve en una sutil dependencia de medios y nos hace olvidar de nuestra esencia mas primitiva, nuestros más básicos instintos. De repente al perder una referencia clásica, una clave, nos encontramos desamparados en un mundo en el que la persona ha dejado de tener un valor intrínseco y se ha transformado tan solo en una pieza más de un peligroso juego de vida, el juego de ser tan solo uno más en un sistema productivo... tan vulnerable como el sistema mismo, ese sistema que a pesar de estar lleno de soluciones en si, es incapaz de resolver problemas tan antiguos como el hambre, la miseria, las enfermedades, mas por el contrario, les ha dado a estos problemas una nueva dimensión en la que nos podemos inclusive llegar a confundir sobre que y quienes somos... Paris, si, esa bella ciudad de luces y arte, la ciudad de las modelos que caminan las pasarelas vendiendo el "perfil" de como tendremos que lucir en los próximos meses, me ha dado una buena lección de vulnerabilidad en esta oportunidad.

 Por suerte, aquí estamos, Nepal no se encuentra más que a unas horas de vuelo de Paris y ese es nuestro verdadero objetivo.

Eduardo se ha quedado retrasado en Paris gracias a un "detalle" de ese sistema al cual he hecho referencia. En un momento él fue tan solo un número más en un sistema que falló. Ahora, mientras nosotros volamos a Delhi, él viaja a Bombay para luego, con un poco de suerte, al día siguiente podernos reencontrar y seguir nuestro vuelo a Katmandú.

Al llegar a Katmandú todo toma una nueva dimensión y los recuerdos y experiencias regresan a un mundo en el que el tiempo no tiene un valor intrínseco y pareciera estar detenido. Al salir del aeropuerto, los mismos rostros desfilan ante mí, pareciera no haberme movido nunca de aquí... Nawang, nuestro Sirdar y ayudante nos abraza y coloca la clásica guirnalda de flores como señal de bienvenida, el bullicio de una ciudad cosmopolita que pareciera cualquier bazar medieval nos envuelve despertando todos los sentidos en un crisol de emociones inexplicables donde lo más antiguo se mezcla con lo moderno en un equilibrio que hace al lugar el sitio ideal para una multiplicidad de objetivos... El nuestro, ¡Trekking al Campo Base del Everest!

En Katmandú, alojados en el "Katmandú Guest House", pasamos dos días en los que las numerosas diligencias y las visitas indispensables a los templos y monumentos de este hermoso valle, hicieron casi imperceptibles nuestra permanencia en este hermoso lugar del planeta.

El 27 de septiembre, aun sin salir el sol nos reunimos todos en el lobby del hotel y después de abordar las dos "Van" que nos llevarían al aeropuerto, esperamos pacientes y ansiosamente nuestro vuelo en el bullicioso aeropuerto. En esta oportunidad nuestro destino sería la pequeña población de "Lukla", enclavada en el medio de los Himalayas, Lukla es el inicio casi obligado de todas las expediciones y trekkings que se dirigen al hacia el "Kumbhu", nombre que se suele dar a la región en la que se encuentra enclavada la montaña más alta del mundo...El Everest. Un corto e impresionante vuelo nos lleva al mundo de los "sherpas" y lentamente a dar nuestros primeros y tímidos pasos de adaptación en este mundo en los que los dioses y las montañas se mezclan para dar forma a una leyenda ancestral y legendaria llamada HIMALAYA.

Poco a poco, cada paso nos adentraba más en ese mundo mágico llamado Khumbu, donde la población sherpa ha encontrado su arraigo y ha formado parte de casi todas las aventuras en la que los "occidentales" nos hemos visto involucrado, siendo ellos (los sherpas) quienes hoy en día están marcando la pauta con las más impresionantes proezas: record de velocidad en ascenso al Everest (12 horas desde el Campo Base); record de permanencia en la cumbre del Everest (Babu Shiri, 18 horas); Mayor número de ascensos al Everest (12 ascensos consecutivos). Todo esto ha sido posible porque ellos han sabido asimilar lo mejor de sus visitantes sin detrimento a una cultura ancestral que no solo les ha permitido reforzar su identidad étnica sino los ha llevado a ser reconocidos en el mundo entero por su amabilidad, fortaleza y honestidad a toda prueba.

Para los que ya habíamos visitado estos parajes, el Khumbu habría a cada paso un cúmulo de recuerdos y sensaciones que no sumergía en un éxtasis continuo a lo largo del día en el que el tiempo perdía cualquier referencia posible. Para los que por primera vez pisaban esta maravillosa región de montaña, un mundo totalmente desconocido permitía a cada uno de los 13 integrantes del grupo entregarse a su particular mundo interior y llenarse de ese mágico mundo llamado HIMALAYA.

Los días fueron pasando y así también la distancia en el logro de nuestro principal objetivo "Kala Pattar" un resalte rocoso ubicado en una de las principales aristas del Pumori, montaña esta que por su especial ubicación es considerada uno de los mejores miradores para poder observar con detalles a la diosa madre del mundo..."Sagarmatha", El Everest. Con el pasar de los días las emociones de cada uno de nosotros se iban agudizando y con ello también la forma de interpretar y reconocer los verdaderos objetivos de un viaje a lo más recóndito de estas regiones... a lo más profundo de nosotros mismos. Al llegar a Namche, la población más representativa de los Himalayas, apareció nuestro primer conflicto como grupo. La posada que habíamos reservado y en la que me había alojado en todos mis viajes anteriores, estaba completamente llena y sus dueños nos ofrecían habitaciones de peor calidad a la estipulada, por suerte, esto no dejo de ser un problema más que con el apoyo del grupo pudo ser resuelto fácilmente y así aprovechar un día de descanso con todo el confort que ello ameritaba, ya que la siguiente etapa del recorrido comenzaríamos a realizarla más allá de los 4.000 metros de altura, zona el la que la marcha comenzaría a hacer mella sobre todos nosotros. Namche tiene la particularidad de ser una "gran metrópoli" en el Khumbu, sus dos ciber-café, sus pastelerías y "discos", la hacen el lugar predilecto de aquellos que aún quieren mantenerse apegados a la cotidianidad de nuestro mundo occidental, sin embargo, a partir de este lugar, otro panorama se abre al visitante y la puerta a este mundo es la majestuosa visión de la montaña más alta del planeta, custodiada celosamente por el hermoso monasterio de Thiangboche, que como atalaya en el cielo es la entrada del valle del Khumbu donde las montañas del "Ama Dablam", "Transercu", "Taboche", "Lhotse", "Everest" y muchas otras se levantan majestuosas para jugar con las nubes, el cielo y los sentimientos de sus visitantes.

 Después de un considerable esfuerzo y una intensa subida de pronto se abrieron ante nosotros las puertas de "Thiangboche"... A las 4 de la tarde los cornos y trompetas del templo sonaban entre las silenciosas montañas anunciando que la ceremonia daría su inicio en pocos momentos. Varias decenas de monjes y curiosos nos congregamos en uno de los salones laterales del templo y a los pocos minutos, los sonidos ajenos y extraños de los mantras e instrumentos musicales, comenzaron a llenar el aire, alargándose así por dos horas. Lo que en un principio parecía una falta de respeto hacia los religiosos que llevaban a cabo el ritual, comenzó a cambiar de matiz a medida que los curiosos "desinteresados" comenzaron a retirarse de la sala... Quedando como parte de la ceremonia solo los sacerdotes del templo y unos 6 "turistas" que con profundo respeto interpretamos aquellos extraños rituales budistas.

El buen clima, nos acompaño en todo nuestro recorrido. Llegó el día de descanso y nuestra visita al vecino "Hospital de Periche", comandado por los miembros de la "American Rescue Asotiation", lo que al día siguiente, nos permitió continuar con una excelente condición física y de ánimo y así superamos los caseríos de "Tukla", "Lobuche" y finalmente "Gorack-Shep", donde ya el frío era la mejor imagen de que las montañas más altas del mundo se encontraban a nuestro lado, eran parte de nuestro caminar. Con todo el agotamiento de la jornada y después de dejar nuestros equipos en la posada y con la velocidad que ameritaba el momento, nos dirigimos hacia las entrañas del Glaciar del Khumbu con la finalidad de alcanzar el “Campamento Base del Everest”. El cansancio del día, la altura del lugar y lo incómodo del terreno por el que nos movíamos, hizo tomar la decisión de regresar a algunos integrantes del grupo, sin embargo otros 5 continuamos hacia el objetivo del día objetivo. Cerca de las 4 pm, las carcasas deterioradas de dos helicópteros no avisaban sin equivoco el logro de lo que nos habíamos propuesto. Un paisaje desolador y triste, era la recompensa por el esfuerzo de esta intensa jornada… no era el paisaje, no era el lugar, era la alegría de saber que nuestro propósito había sido cumplido. El Campo Base del Everest estaba desolado, por primera vez en mis visitas a este lugar, ninguna expedición intentaba alcanzar la cumbre de esta montaña por el lado Nepales. Por lo adelantado de la hora nos apresuramos a regresar, era importante salir del glaciar antes de que la noche nos envolviera en ese mar de grietas de hielo y, en efecto, así lo hicimos. Cerca de las 7:30 de la noche abrimos la puerta y el calor del refugio y de la sonrisa de nuestros compañeros que nos esperaban nos decían claramente que el día llegaba a su fin.

 La luz aún mantenía el lugar en penumbras, el frío en el interior de la posada era solo un presagio de lo que nos esperaba en algunos minutos cuando comenzáramos a caminar hacia nuestro objetivo más alto del viaje… Kala Pathar. Un bastión de 5.580 metros que desciende vertiginoso de las laderas del Pumori y es como tal uno de los “miradores” más impresionantes hacia el gran coloso… el Everest. La altura y el frío fueron los enemigos a vencer en esa mañana del 5 de octubre. Con paciencia, metro a metro, nuestro objetivo se acercaba hasta que finalmente… estábamos allí, los 14 integrantes del grupo emocionados al haber logrado nuestra meta. Al Norte, como una atalaya infranqueable se levantaba “el Pumori”, frente a nosotros, casi como pudiéndolo tocar, hacia el Este, se alzaba majestoso hacia el cielo… el Everest, “Chomolugma”, la extraña cabeza humeante de los tibetanos, demostrándonos de manera contundente con su corona de nubes porque era conocida como el rey de las montañas y finalmente, hacia el Sur, el largo camino que nos separaba del confort de la gran metrópoli, de Katmandú, de ese lugar que casi como locos rumiábamos ahora en nuestras mentes: el agua caliente, la buena comida, la cama cómoda y confortable. También contábamos con esa comunicación fluida con nuestros hogares al otro lado del mundo, tan necesaria en estos lugares lejanos. En fin todas esas comodidades que nos hacen la vida más llevadera en nuestra complicada cotidianidad. La sonrisa había vuelto a llenar los fatigados rostros de todos los integrantes del grupo que bajaban raudos las fuertes pendientes de Kala Pathar.

De allí en adelante, la carrera no se detuvo hasta llegar a Kayhnandú. Cosa que generalmente sucede con muchas de las personas que visitan estos parajes, haciendo perder al visitante una gran parte de la experiencia… ese encuentro con los pobladores de la región, sus costumbres, con ellos mismos, en fin con la realidad. Pero es comprensible, nadie puede negarse a las comodidades que estamos acostumbrados. La carrera del regreso duró por 4 días cuesta abajo y los poblados que con tanto esfuerzo nos costó alcanzar en la subida, fueron quedando atrás uno a uno. Y en largas jornadas forzadas por el cansancio y la desesperación, nos hicieron llegar a altas horas de la noche al “sitiado” pueblo de Lukla, lugar en el que la ilógica pugna por el poder entre Monarquía y Maoístas, aunado a la presencia de uno de los principales aeropuertos de la región, han creado una especie de “estado de sitio” en el que no se escapa ni siquiera esta apartada región del planeta. Nuevamente los nervios a flor de piel hicieron caer en el absurdo sorteo de los puestos de regreso en las aeronaves que nos llevarían de regreso a Katmandú y al día siguiente a tempranas horas de la mañana con número o sin número, todos nos encontrábamos volando hacia el inicio del fin… hacia nuestros hogares, ese largo regreso que llevaría una huella imborrable en nuestras vidas que de ese día en adelante siempre tendrían un lugar en nuestros recuerdos y conversaciones, en nuestros sueños. Para todos, un encuentro más con la realidad de lo que somos.

Al llegar a Kayhmandú, la agradable sorpresa de encontrarnos con Patricia Tacóni y Andres Rosenchen en su regreso de la expedición venezolana al Cho-Oyu, Patricia así se convertía en la primera mujer venezolana en alcanzar una cumbre superior a 8.000 m. De igual manera “Hummer Expedición” había llegado a esta capital en su recorrido “Trans Asia 2005”. Esa noche celebramos todos y como una gran familia compartimos experiencias sonrisas y alegrías.


Nepal es una país en el que la extrema pobreza aunada al régimen monárquico que mantienen sus gobernantes ha hecho que la población se levante en armas influenciados por ideologías maoístas, creando así un estado de zozobra en el que el turista de una u otra manera se encuentra involucrado. Afortunadamente ambos bandos están conscientes de la importancia del turismo para el país y han establecido respeto hacia su presencia, sin embargo el número de visitantes hacia este hermoso lugar del planeta ha descendido a niveles alarmantes, complicando esto aún más su precaria situación. ¿2015?, 10 años después... tal vez, regresar a Nepal es casi una obligación, es como visitar a una familia lejana, como buscar un pedazo de nosotros que ha quedado permanentemente arraigado en ese lugar.

COMENTARIOS:

D.P.: “Sin lugar a dudas la expedición al Khumbu  fue una experiencia extraordinaria y muy enriquecedora”

J.F.: “ME ENCANTO TENER LA OPORTUNIDAD DE HACER ESE VIAJE, MIENTRAS MAS PASAN LOS DIAS MAS DISFRUTO DE LO VIVIDO, AHORA TODO LO RECUERDO HERMOSO Y LOS MOMENTOS DIFICILES VIVIDOS SON SOLO UN VAGO RECUERDO”

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