Caminando por el Centro Pompidou brilla un mundo lleno
de luces y colores, donde el arte se mezcla con la cotidianidad y la vida se
transforma en una fantasía que fácilmente puede engañar a cualquiera y sumirnos
en un mundo irreal donde un velo de tecnología nos envuelve en una sutil
dependencia de medios y nos hace olvidar de nuestra esencia mas primitiva,
nuestros más básicos instintos. De repente al perder una referencia clásica,
una clave, nos encontramos desamparados en un mundo en el que la persona ha
dejado de tener un valor intrínseco y se ha transformado tan solo en una pieza más
de un peligroso juego de vida, el juego de ser tan solo uno más en un sistema
productivo... tan vulnerable como el sistema mismo, ese sistema que a pesar de
estar lleno de soluciones en si, es incapaz de resolver problemas tan antiguos
como el hambre, la miseria, las enfermedades, mas por el contrario, les ha dado
a estos problemas una nueva dimensión en la que nos podemos inclusive llegar a
confundir sobre que y quienes somos... Paris, si, esa bella ciudad de luces y
arte, la ciudad de las modelos que caminan las pasarelas vendiendo el
"perfil" de como tendremos que lucir en los próximos meses, me ha
dado una buena lección de vulnerabilidad en esta oportunidad.

Por suerte, aquí estamos, Nepal no se encuentra más que
a unas horas de vuelo de Paris y ese es nuestro verdadero objetivo.
Eduardo se ha quedado retrasado en Paris gracias a un
"detalle" de ese sistema al cual he hecho referencia. En un momento él
fue tan solo un número más en un sistema que falló. Ahora, mientras nosotros
volamos a Delhi, él viaja a Bombay para luego, con un poco de suerte, al día
siguiente podernos reencontrar y seguir nuestro vuelo a Katmandú.
Al llegar a Katmandú todo toma una nueva dimensión y los
recuerdos y experiencias regresan a un mundo en el que el tiempo no tiene un
valor intrínseco y pareciera estar detenido. Al salir del aeropuerto, los
mismos rostros desfilan ante mí, pareciera no haberme movido nunca de aquí...
Nawang, nuestro Sirdar y ayudante nos abraza y coloca la clásica guirnalda de
flores como señal de bienvenida, el bullicio de una ciudad cosmopolita que
pareciera cualquier bazar medieval nos envuelve despertando todos los sentidos
en un crisol de emociones inexplicables donde lo más antiguo se mezcla con lo
moderno en un equilibrio que hace al lugar el sitio ideal para una
multiplicidad de objetivos... El nuestro, ¡Trekking al Campo Base del Everest!
En Katmandú, alojados en el "Katmandú Guest
House", pasamos dos días en los que las numerosas diligencias y las
visitas indispensables a los templos y monumentos de este hermoso valle,
hicieron casi imperceptibles nuestra permanencia en este hermoso lugar del
planeta.
El 27 de septiembre, aun sin salir el sol nos reunimos
todos en el lobby del hotel y después de abordar las dos "Van" que
nos llevarían al aeropuerto, esperamos pacientes y ansiosamente nuestro vuelo
en el bullicioso aeropuerto. En esta oportunidad nuestro destino sería la
pequeña población de "Lukla", enclavada en el medio de los Himalayas,
Lukla es el inicio casi obligado de todas las expediciones y trekkings que se
dirigen al hacia el "Kumbhu", nombre que se suele dar a la región en
la que se encuentra enclavada la montaña más alta del mundo...El Everest. Un
corto e impresionante vuelo nos lleva al mundo de los "sherpas" y
lentamente a dar nuestros primeros y tímidos pasos de adaptación en este mundo
en los que los dioses y las montañas se mezclan para dar forma a una leyenda
ancestral y legendaria llamada HIMALAYA.

Poco a poco, cada paso nos adentraba más en ese mundo mágico
llamado Khumbu, donde la población sherpa ha encontrado su arraigo y ha formado
parte de casi todas las aventuras en la que los "occidentales" nos
hemos visto involucrado, siendo ellos (los sherpas) quienes hoy en día están
marcando la pauta con las más impresionantes proezas: record de velocidad en
ascenso al Everest (12 horas desde el Campo Base); record de permanencia en la
cumbre del Everest (Babu Shiri, 18 horas); Mayor número de ascensos al Everest
(12 ascensos consecutivos). Todo esto ha sido posible porque ellos han sabido
asimilar lo mejor de sus visitantes sin detrimento a una cultura ancestral que
no solo les ha permitido reforzar su identidad étnica sino los ha llevado a ser
reconocidos en el mundo entero por su amabilidad, fortaleza y honestidad a toda
prueba.
Para los que ya habíamos visitado estos parajes, el
Khumbu habría a cada paso un cúmulo de recuerdos y sensaciones que no sumergía
en un éxtasis continuo a lo largo del día en el que el tiempo perdía cualquier
referencia posible. Para los que por primera vez pisaban esta maravillosa región
de montaña, un mundo totalmente desconocido permitía a cada uno de los 13
integrantes del grupo entregarse a su particular mundo interior y llenarse de
ese mágico mundo llamado HIMALAYA.
Los días fueron pasando y así también la distancia en el
logro de nuestro principal objetivo "Kala Pattar" un resalte rocoso
ubicado en una de las principales aristas del Pumori, montaña esta que por su
especial ubicación es considerada uno de los mejores miradores para poder
observar con detalles a la diosa madre del mundo..."Sagarmatha", El
Everest. Con el pasar de los días las emociones de cada uno de nosotros se iban
agudizando y con ello también la forma de interpretar y reconocer los
verdaderos objetivos de un viaje a lo más recóndito de estas regiones... a lo más
profundo de nosotros mismos. Al llegar a Namche, la población más
representativa de los Himalayas, apareció nuestro primer conflicto como grupo.
La posada que habíamos reservado y en la que me había alojado en todos mis
viajes anteriores, estaba completamente llena y sus dueños nos ofrecían
habitaciones de peor calidad a la estipulada, por suerte, esto no dejo de ser
un problema más que con el apoyo del grupo pudo ser resuelto fácilmente y así aprovechar
un día de descanso con todo el confort que ello ameritaba, ya que la siguiente
etapa del recorrido comenzaríamos a realizarla más allá de los 4.000 metros de
altura, zona el la que la marcha comenzaría a hacer mella sobre todos nosotros.
Namche tiene la particularidad de ser una "gran metrópoli" en el
Khumbu, sus dos ciber-café, sus pastelerías y "discos", la hacen el
lugar predilecto de aquellos que aún quieren mantenerse apegados a la
cotidianidad de nuestro mundo occidental, sin embargo, a partir de este lugar, otro
panorama se abre al visitante y la puerta a este mundo es la majestuosa visión
de la montaña más alta del planeta, custodiada celosamente por el hermoso
monasterio de Thiangboche, que como atalaya en el cielo es la entrada del valle
del Khumbu donde las montañas del "Ama Dablam",
"Transercu", "Taboche", "Lhotse",
"Everest" y muchas otras se levantan majestuosas para jugar con las nubes,
el cielo y los sentimientos de sus visitantes.
Después de un considerable esfuerzo y una intensa subida
de pronto se abrieron ante nosotros las puertas de "Thiangboche"... A
las 4 de la tarde los cornos y trompetas del templo sonaban entre las silenciosas
montañas anunciando que la ceremonia daría su inicio en pocos momentos. Varias
decenas de monjes y curiosos nos congregamos en uno de los salones laterales
del templo y a los pocos minutos, los sonidos ajenos y extraños de los mantras
e instrumentos musicales, comenzaron a llenar el aire, alargándose así por dos
horas. Lo que en un principio parecía una falta de respeto hacia los religiosos
que llevaban a cabo el ritual, comenzó a cambiar de matiz a medida que los
curiosos "desinteresados" comenzaron a retirarse de la sala...
Quedando como parte de la ceremonia solo los sacerdotes del templo y unos 6
"turistas" que con profundo respeto interpretamos aquellos extraños
rituales budistas.
El buen clima, nos acompaño en todo nuestro recorrido. Llegó el día de descanso y nuestra visita al vecino "Hospital de
Periche", comandado por los miembros de la "American Rescue
Asotiation", lo que al día siguiente, nos permitió continuar con una excelente condición física y de
ánimo y así superamos los caseríos de "Tukla", "Lobuche" y
finalmente "Gorack-Shep", donde ya el frío era la mejor imagen de que
las montañas más altas del mundo se encontraban a nuestro lado, eran parte de
nuestro caminar. Con todo el agotamiento de la jornada y después de dejar
nuestros equipos en la posada y con la velocidad que ameritaba el momento, nos
dirigimos hacia las entrañas del Glaciar del Khumbu con la finalidad de
alcanzar el “Campamento Base del Everest”. El cansancio del día, la altura del
lugar y lo incómodo del terreno por el que nos movíamos, hizo tomar la decisión
de regresar a algunos integrantes del grupo, sin embargo otros 5 continuamos
hacia el objetivo del día objetivo. Cerca de las 4 pm, las carcasas
deterioradas de dos helicópteros no avisaban sin equivoco el logro de lo que
nos habíamos propuesto. Un paisaje desolador y triste, era la recompensa por el
esfuerzo de esta intensa jornada… no era el paisaje, no era el lugar, era la
alegría de saber que nuestro propósito había sido cumplido. El Campo Base del
Everest estaba desolado, por primera vez en mis visitas a este lugar, ninguna
expedición intentaba alcanzar la cumbre de esta montaña por el lado Nepales.
Por lo adelantado de la hora nos apresuramos a regresar, era importante salir
del glaciar antes de que la noche nos envolviera en ese mar de grietas de hielo
y, en efecto, así lo hicimos. Cerca de las 7:30 de la noche abrimos la puerta y
el calor del refugio y de la sonrisa de nuestros compañeros que nos esperaban
nos decían claramente que el día llegaba a su fin.
La luz aún mantenía el lugar en penumbras, el frío en el
interior de la posada era solo un presagio de lo que nos esperaba en algunos
minutos cuando comenzáramos a caminar hacia nuestro objetivo más alto del
viaje… Kala Pathar. Un bastión de 5.580 metros que desciende vertiginoso de las
laderas del Pumori y es como tal uno de los “miradores” más impresionantes
hacia el gran coloso… el Everest. La altura y el frío fueron los enemigos a
vencer en esa mañana del 5 de octubre. Con paciencia, metro a metro, nuestro
objetivo se acercaba hasta que finalmente… estábamos allí, los 14 integrantes
del grupo emocionados al haber logrado nuestra meta. Al Norte, como una atalaya
infranqueable se levantaba “el Pumori”, frente a nosotros, casi como pudiéndolo
tocar, hacia el Este, se alzaba majestoso hacia el cielo… el Everest,
“Chomolugma”, la extraña cabeza humeante de los tibetanos, demostrándonos de
manera contundente con su corona de nubes porque era conocida como el rey de
las montañas y finalmente, hacia el Sur, el largo camino que nos separaba del
confort de la gran metrópoli, de Katmandú, de ese lugar que casi como locos
rumiábamos ahora en nuestras mentes: el agua caliente, la buena comida, la cama
cómoda y confortable. También contábamos con esa comunicación fluida con
nuestros hogares al otro lado del mundo, tan necesaria en estos lugares
lejanos. En fin todas esas comodidades que nos hacen la vida más llevadera en
nuestra complicada cotidianidad. La sonrisa había vuelto a llenar los fatigados
rostros de todos los integrantes del grupo que bajaban raudos las fuertes
pendientes de Kala Pathar.
De allí en adelante, la carrera no se detuvo hasta
llegar a Kayhnandú. Cosa que generalmente sucede con muchas de las personas que
visitan estos parajes, haciendo perder al visitante una gran parte de la
experiencia… ese encuentro con los pobladores de la región, sus costumbres, con
ellos mismos, en fin con la realidad. Pero es comprensible, nadie puede negarse
a las comodidades que estamos acostumbrados. La carrera del regreso duró por 4
días cuesta abajo y los poblados que con tanto esfuerzo nos costó alcanzar en
la subida, fueron quedando atrás uno a uno. Y en largas jornadas forzadas por
el cansancio y la desesperación, nos hicieron llegar a altas horas de la noche
al “sitiado” pueblo de Lukla, lugar en el que la ilógica pugna por el poder
entre Monarquía y Maoístas, aunado a la presencia de uno de los principales
aeropuertos de la región, han creado una especie de “estado de sitio” en el que
no se escapa ni siquiera esta apartada región del planeta. Nuevamente los
nervios a flor de piel hicieron caer en el absurdo sorteo de los puestos de
regreso en las aeronaves que nos llevarían de regreso a Katmandú y al día
siguiente a tempranas horas de la mañana con número o sin número, todos nos
encontrábamos volando hacia el inicio del fin… hacia nuestros hogares, ese
largo regreso que llevaría una huella imborrable en nuestras vidas que de ese
día en adelante siempre tendrían un lugar en nuestros recuerdos y
conversaciones, en nuestros sueños. Para todos, un encuentro más con la
realidad de lo que somos.
Al llegar a Kayhmandú, la agradable sorpresa de
encontrarnos con Patricia Tacóni y Andres Rosenchen en su regreso de la
expedición venezolana al Cho-Oyu, Patricia así se convertía en la primera mujer
venezolana en alcanzar una cumbre superior a 8.000 m. De igual manera “Hummer
Expedición” había llegado a esta capital en su recorrido “Trans Asia 2005”. Esa
noche celebramos todos y como una gran familia compartimos experiencias
sonrisas y alegrías.
Nepal es una país en el que la extrema pobreza aunada al
régimen monárquico que mantienen sus gobernantes ha hecho que la población se
levante en armas influenciados por ideologías maoístas, creando así un estado
de zozobra en el que el turista de una u otra manera se encuentra involucrado.
Afortunadamente ambos bandos están conscientes de la importancia del turismo
para el país y han establecido respeto hacia su presencia, sin embargo el
número de visitantes hacia este hermoso lugar del planeta ha descendido a
niveles alarmantes, complicando esto aún más su precaria situación. ¿2015?, 10 años después...
tal vez, regresar a Nepal es casi una obligación, es como visitar a una familia
lejana, como buscar un pedazo de nosotros que ha quedado permanentemente
arraigado en ese lugar.
COMENTARIOS:
D.P.: “Sin lugar
a dudas la expedición al Khumbu fue una experiencia extraordinaria y muy
enriquecedora”
J.F.: “ME ENCANTO TENER LA OPORTUNIDAD DE HACER ESE VIAJE,
MIENTRAS MAS PASAN LOS DIAS MAS DISFRUTO DE LO VIVIDO, AHORA TODO LO RECUERDO
HERMOSO Y LOS MOMENTOS DIFICILES VIVIDOS SON SOLO UN VAGO RECUERDO”