El
inevitable trasnocho hacia pesado los pasos en los pasillos del Aeropuerto
Internacional Simón Bolívar, suele suceder siempre la noche antes de salir de
expedición, especialmente cuando las expectativas llenan la mente. A pesar de
todo, una rebosante alegría llenaba los rostros de cada uno de los 8
integrantes del grupo. La puerta 23 ya se encontraba abarrotada de gente que,
hechizada bajo el aroma del chocolate y el café de los negocios cercanos,
aguardaban el momento del abordaje al margen del tiempo que pasaba en la sala
de espera,
Una vez ubicados todos en nuestros
respectivos asientos el vuelo inició su larga travesía hacia nuestro destino
final, no sin antes detenernos en las 2 escalas casi obligatorias para llegar
al al “otro lado del mundo”… Frankfurt y Delhi. Una docena de pesadas maletas
nos acompañaban en este viaje, algunas de ellas llenas de exquisiteces que
arrancaban gustosos sabores de nuestra tierra. Harina “PAN”, café criollo,
algunos quesos y hasta bien enlatadas botellas de esxquisito rón son parte
importante de este equipaje que será un elemento fundamental en el logro de las
metas que nos hemos propuesto en el Himalaya.
Después de casi 10 horas de vuelo,
Frankfurt no dejó de ser un punto para estirar las piernas después de la larga
escala, en el que un moderno aeropuerto nos permitiría pasar hacia otro mundo
misterioso al Oriente del globo terráqueo. Tres horas de escala que pasaron
casi desapercibidas, nos encontraron caminando por los congestionados pasillos
del aeropuerto para abordar nuestro siguiente vuelo hacia la capital de la
India… Delhi. En el avión ya se podía percibir ese misterioso aire que
escondido entre barbas, turbantes y saris nos indicaba sin lugar a dudas que no
nos habíamos equivocado de vuelo. En el avión, una película tras otra iban
colmando las horas sin detenerse a pensar quienes eran los ocupantes de ese
vuelo hacia tierras lejanas. Comida, licores, y la atención de aeromozas de un
perfecto estilo europeo intentaban hacer pasar las horas mñas confortablemente,
sin embargo, para nosotros ya las horas habían pasado a tener una nueva dimensión. Hoy era ayer, o
tal vez mañana sería hoy… esa extraña sensación que atraviesa lo “ridículo”,
llenaba nuestro cansado cuerpo, que bajo el entumecedor sopor del cansancio nos
encontraba atravesando los largos pasillos del aeropuerto Indira Ghandi en
Delhi. El misterio de la India, siempre te acompaña al entrar a este populoso
país, para nosotros los misterios estaban acompañados de 2 cosas fundamentales,
que haríamos con nuestro equipaje, que a pesar de estar “chequeado” hasta
Kathmandú, debería cambiar de “manos” a través de una nueva operadora aérea, y
además de esto, Rafael Cáceres “Chapico”, el integrante número 8 del equipo, al
no conseguir en su país el visado de la India, debería permanecer en el
aeropuerto por más de medio día, “entendiéndose” con una cultura tan divergente
como la de la India.
Finalmente algo de “descanso”, una buena
ducha de agua tibia, buena comida y una CAMA, fueron el regalo que nos deparó
esta parada en Delhi… una efímera estancia caracterizada por la constante
lluvia que desde la madrugada bañaba las caóticas calles de la ciudad, sin
embargo esto no varió en nada nuestro compromiso de encontrarnos con nuestra
realidad, teníamos que continuar el viaje hacia Nepal y tomar el vuelo que nos
habría de trasladar hasta Kathmandú, no sin antes superar todas las
“triquiñuelas” para entrar al aeropuerto que sirve a esta de Delhi y tomar
nuestro siguiente vuelo. Primero la policía, que difícil hacerle entender a uno
de estos individuos que hoy día los boletos electrónicos se manejan a través de
una computadora. Bueno, a fin de cuentas para un venezolano NADA ES DIFÍCIL, o
mejor dicho “imposible”. Si esto fue difícil, imagínense lo complicado de que
una aerolínea pueda entender como nos presentábamos a su “counter” sin equipaje
y hacerles entender que nuestro equipaje se los “debiera” haber entregado
Lufthansa para así completar su destino en Nepal, bueno “que importa”, a fin de
cuentas aquí lo único que funciona es el tema del “Karma”, así que a esperar
que este tema se resuelva de la manera más afortunada (Karmática) para
nosotros, por ahora, sentado en mi habitación del “Kathmandú Guest House”, tres
maletas se encuentran en el “limbo” aeroportuario del mundo asiático. Sin
embargo, henos aquí, después de innumerables horas de viaje, de tantas
ilususiones, sueños y esfuerzos en Kathmandú, lugar multifacético en el que
todos hemos soñado alguna vez y para los que, enamorados de las montañas,
siempre hemos tenido en nuestros corazones hurgar sus intrincadas calles y
saborear sus exóticos rincones en busca del “Nirvana” que todos llevamos
dentro.
Entre compras y visitas, entre ellas
“algunas” al aeropuerto (en la búsqueda de las maletas perdidas), han pasado
dos días, hoy en esta madrugada del día 14, escuchando la música de mi Ipod y
mezclado al mejor estilo de un DJ profesional, la lluvia llena el silencio y la
oscuridad de esta noche en la que ya el cansancio normal antes de nuestra
salida hacia la montaña, nos hace más taciturnos y la cama acaricia nuestros
pensamientos y movimientos, como invitándonos a sumirnos en ese sopor
placentero de los sueños, sin embargo hago este último esfuerzo para saludar a
lo lejos este relato en el que vale destacar… La aparición de TODO nuestro
equipaje, tal vez la visita al templo de “Swayambhunat” surtió efecto al
encontrarnos y participar en una pequeña ceremonia con el “Tulku” Tashi
Rimpoche, en el que algunas recomendaciones y buenos augurios (Apoyados por
algunas llamadas telefónicas de Aristides) fueron la antesala de la aparición
de las últimas dos maletas que se encontraban extraviadas.
Si, estamos listos, si el clima lo
permite, y las oraciones de los lamas surten el efecto esperado, mañana salimos
en el vuelo hacia el pequeño aeropuerto de “Lukla” y finalmente nuestras botas
besaran el suelo del Himalaya y los equipos, comprados con tanto esmero, podrán
darle forma a este lejano sueño que para muchos de nuestro grupo finalmente
está en los albores de convertirse en realidad.
6:30 am… Una situación digna del mejor festival de teatro que cualquiera pudiera imaginar. Como sonido de fondo, se mezclaba la voz ensordecedora de cientos de personas nerviosas que no saben que está sucediendo en el recinto y los detectores de metal enloquecidos que no dejaban de pitar ante la marejada de personas que los atravesaban. Las palomas cruzaban el recinto volando a su libre albedrío acostumbradas a este caos “ordenado” que se repite día tras día sin que nadie haga algo para evitarlo… es parte de la “diversión”.
9:36 am… Entramos en la fase de
“espera”, la incertidumbre llena nuestras mentes que se agolpan alrededor del
equipaje, en espera de que algo suceda. Nadie sabe hacia dónde va cada grupo,
pero todos queremos ir a algún lado, sin embargo, el tiempo pasa. Dos alemanas
juegan “cartas” a mis espaldas y a la izquierda un grupo de chinos se deleitan
con uno de sus “extraños” juegos (naturalmente con “palitos”), rodeados por
unos cuantos curiosos que tratan de indagar la mecánica del mismo. Llamadas
telefónicas van y vienen en todo el recinto, las miradas van de un lado al otro
tratando de buscar un rumbo… una señal.
10:07 Fase de espera… en todo el
recinto, entre los pocos asientos que dispone el asinado espacio, duermen
varios de los agotados pasajeros, no más de los que hacen otro tanto en el
piso.
11:11 La incertidumbre comienza a despertar junto al anuncio casi indescifrable de los parlantes, anunciando la cancelación de todos los vuelos hacia “Phokara”, por suerte esta ciudad se encuentra en el lado opuesto al que vamos, sin embargo, la incertidumbre siempre trae dudas… confusión, y en esto, los venezolanos somos maestros. El aeropuerto comenzó a convertirse en una especie de colmena en la que todos se movían de un lado a otro. Nuestra decisión… “el helicóptero”, a pesar de que esto aumentaría considerablemente el monto presupuestado para este traslado.
15:00 Después de algunas maniobras casi
indescriptibles parte del equipo y la carga se encontraba volando hacia “Lukla”
y minutos después los restantes integrantes estavamos en el vuelo 235 de “Tara
Air” con el mismo destino para finalmente a las 4:00pm, a pesar de cualquier
pronóstico, estábamos reunidos en “Lukla”… inicio de lo que para nosotros era
la “esencia” de lo que veníamos a hacer: estar en contacto directo con estas
montañas y con su cultura tan especial, que siempre ha atraído a millones de
personas a sus senderos, cumbres y pueblos, cambiando sus vidas para siempre.
3:00 de la tarde en el “Café de 8.848”, ya estamos en “Namche Bazar”, 3.400m en nuestra ruta de aclimatación, ya las conversaciones giran alrededor de temas relacionados a montañas. Muchos “trekkers” y expedicionarios se han retirado de las montañas motivado a las nevadas intensas que han vestido de blanco el “Khumbu”.
Ayer 16 dormimos en “Mondjo”, un
placentero lugar a la entrada del Parque Nacional “Sagarmatha”, donde aparte
del aroma del té con leche, mantequilla y sal (Tsampa), se mezclaba con un
intenso perfume de café criollo de la “Fundación Proyecto Alcatraz” y el
profundo sabor del ron “1796” de Santa Teresa, transformaron la noche en una
verdadera fiesta de venezolanos.
Hoy 17 la cosa ha cambiado, en Namche
Bazar, a pesar del mal tiempo, nos encontramos llenos de alegría, las mismas
que nos transmiten todas las elevadas montañas que nos rodean… “Kantega”,
“Kongdhori”, “Thamo” incluyendo nuestro primer contacto visual con la “Diosa
Madre de la Tierra”, Chomolugma… el Everest.
18/10/2913… Ver el Everest (Sagarmatha) es entrar un mundo donde la dimensión del cielo cambia de forma, color y contenido. Su luz llena de sueños la imaginación y es como colocar un hermoso collar en el cuello de la mujer amada, haciendo resaltar sus labios, brillar sus ojos y llenar de alegría su sonrisa.
La nieve, que fue un verdadero problema
para la gente que se encontraba en las montañas, para nosotros ha mostrado un
paisaje verdaderamente espectacular, donde el horizonte se viste de blanco
dándole poco acostumbrado para estas fechas.
Después de subir entre pinares y la
majestuosa vista hacia el cañón del río “Duth Khosi”, llegamos a la meseta en
la que se levanta el templo budista de “Thyangboche”, en el que bajo la mirada
celosa de 2 parejas de águilas y un primer contacto con un grupo de lamas que
se encontraban en los aposentos del templo, el “Rimpoche” (Abad mayor del
lugar) nos recibió con un sencillo pero emotivo acto en el que bajo sus
bendiciones continuamos el camino hacia nuestro objetivo final del día…
“Pangboche”.
Atravesar el bosque de rododendros que rodea el camino hacia “Pangboche” es despertar los recuerdos de tantos pasos recorridos por estas montañas, se trata de un lugar donde la paz llena el corazón del caminante, donde, entre el follaje aparecen como duendes los “dheer” (ciervos almizcleros) y detrás de cada roca las “Dakhinis”, deidades protectoras” te acompañan de la mano enseñándote el camino correcto. Ayer 17 de octubre se cumplieron 20 años de nuestro primer ascenso al “Ama Dablan” y los recuerdos de nuestra estancia en este lugar llenaron de nudos mi garganta, una nueva oportunidad de pisar este follaje me llena de alegría y permite revivir tantos hermosos momentos vividos.
Uno de los puentes que cruzaba el río
“Duth Khosi” había caído al perder la base
de sustento rocoso en uno de sus extremos, lo que nos obligó a bajar al río y
atravesarlo por un puente provisional de madera construido al viejo estilo
nepalés. Al pasar las “estúpas” y el “Ghat” de entrada al pueblo, las luces de
las ventanas de las posadas nos indicaban nuestra llegada a “Pangboche”, y
luego de los innumerables saludos a los antiguos amigos del sector, nuestro
grupo se diluyó entre los asistentes del salón riendo entre comentarios y risas
sobre lo acontecido durante esta enriquecedora jornada.
Lentamente
el día le dio paso a la noche y el “Ama Dablam” (madre de gran corazón)
tímidamente nos daba la bienvenida entre un suave manto de nubes.
Los
mantras llenaron la estancia y convirtieron nuestro día de descanso en
“Pangboche” en un momento muy especial. El “Lama Geshe” llevaba a cabo todo
tipo de ceremoniales, arrojando arroz al aire y quemando en su incensario todo
tipo de hierbas para que los Budhas nos acompañaran en nuestras escaladas y el
buen retorno a nuestros hogares, insistiendo en la importancia que tenemos como
seres humanos y la necesidad de comenzar con cambios internos para poder
generar así cambios en nuestros entornos. Cerramos la ceremonia con el recitar
algunos mantras para el bienestar de Venezuela y, con toda la espiritualidad
del momento, comenzamos el regreso hacia la posada y sumirnos cada uno en sus
propios pensamientos, que se generaron en las horas pasadas.
A
partir del 20 de octubre la tónica cambió, los 4.000m se sentían a cada paso.
Nuestra llegada a “Dingboche” nos mostraba en realidad la intensidad de la
nevada de los últimos días. A los lados de nuestra posada las montañas se
levantaban haciéndonos sentir inmensamente pequeños. El frío nos hacia
reunirnos desde temprano en el comedor transformándolo en una pequeña Babel en
la que personas provenientes de los más diversos lugares del planeta
conversaban en diferentes idiomas temas relacionados al mismo tópico… las
montañas.
Hoy
21, todo ha cambiado, estamos a 4.800m, inmersos en un mundo blanco en el que
los caminos se inundaban con el deshielo formando un liquido achocolatado que
nos obligaba a movernos de un lado a otro tratando de evitar humedecer el
interior de las botas. Ahora en una de las “peores” posadas de “Lobuche” la
alegría venezolana contagiaba todo el ambiente con música, café y risas que
convierte este gélido y oscuro ambiente en algo muy llevadero y agradable.
Todo
el mar de gente que hemos encontrado en el camino confluye en un solo lugar, en
el que 5 posadas deben dar alojamiento y comida a un volumen incomprensible de
personas venidas de los más diversos lugares del mundo.
Hoy
22 de octubre nos encontramos en el “Lodge” (posada) “Snow Land”, a 5.100m de
altura compartiendo en el comedor con aproximadamente 160 persona… Un
espectáculo variopinto en el que todos los colores de la “paleta” de un pintor
se mezclan en la variada vestimenta de los presentes que sería suficiente para
dotar a todos los montañistas venezolanos. Nuestro siguiente objetivo, remontar
un promontorio rocoso llamado… “Kala Pathar”, para desde allí poder observar
uno de los espectáculos más bellos del mundo, el momento en el que el sol da el
último beso a la tierra, en el punto más alto del planeta… El Everest
(Sagarmatha), el cual enrojece su rostro bajo la mirada atónita de todos los
presentes, que nos apresuramos a tomar las últimas fotos bajo el gélido
ambiente que ha quedado luego de la retirada del sol, a los 5.600m de este
lugar.
Ya
entrada la noche, encontramos en el descenso lo que lógicamente no puede faltar
en un ambiente en el cual, la imprudencia de los visitantes es una variable que
comúnmente se puede observar entre el volumen tal alto de visitantes. Una
persona con las fuerzas colapsadas y una lesión en uno de los pies, tuvo la
fortuna de encontrarse con nuestro grupo, que diligentemente lo traslado hasta
la seguridad de la posada.
Como
último día de nuestra aclimatación, hoy 23 de octubre hemos ido a visitar el
“Campo Base del Everest”, en el que solo una expedición coreana se aprestaba a
intentar en la vecina “Época Invernal” la ruta Sur Oeste de la montaña… ahora,
a las 4:30 de la tarde, casi todo el grupo ha dejado la posada para encontrarse
con el equipo que nos acompañará hasta el Campo Base del “Lobuche” la próxima
montaña que el grupo intentará escalar… hasta dentro de aproximadamente 6 días
no les podremos enviar noticias, la tecnología aún no ha alcanzado estos
lugares en el que nos encontraremos sin embargo, si quieren ubicarnos, les
tengo buenas noticias… el “SPOT” ha comenzado a funcionar, pueden seguirnos a
través de:
Tratamos
de alargar nuestra salida lo más que pudimos, a fin de cuentas el Campo Base
del Lobuche estaba a tan solo 1 hora de camino. Ya avanzada la tarde, un gélido
valle, resto de una antigua laguna glaciar, nos esperaba. La nieve realzaba el
brillo amarillo de nuestras carpas y nos obligaba a resguardecernos en la carpa
comedor en busca de condiciones un poco más confortables que nos permitieran
discutir los planes de ascenso a esta montaña. “Gombu”, nuestro “climbing
sherpa” llegó comenzando la noche y muchas de sus sugerencias coincidieron con
lo que nosotros ya teníamos previsto. El frío hizo acelerar los preparativos y
todos nos fuimos replegando hacia las respectivas carpas para pasar la noche,
era como si cada uno hubiera abierto la puerta de una nevera y dentro de su
saco de dormir se preparara para pasar las siguientes horas a -10°C de la
manera más confortable posible. El hielo cubría todo y solo las ganas de ir al
baño obligaban a dejar la relativa comodidad del saco de dormir. Afuera, solo
el silencio de las estrellas y el musical sonido de los cencerros de los “Yaks”
que pastaban, eran testigos de tiempo y la gélida noche.
El
día 26 de octubre, a las 6:45 de la mañana, el sol acariciaba tímidamente el
techo de nuestras carpas y en la misma medida que aumentaba su calor, aumentaba
la inquietud de todos los preparativos para el ascenso al “Campamento
Avanzado”. Después del desayuno, una verdadera feria de equipos de escalada fue
llenando los morrales, bajo la mirada acuciosa de cada uno de nosotros,
evitando así exceso de peso y equipos innecesarios. Este obligatorio protocolo
se alargo hasta poco después de las 11am, hora en la cual el equipo de
escaladores junto al “staff” de cocina y los porteadores emprendieron
lentamente el ascenso hacia el “Campamento Avanzado”.
Como
de costumbre tan solo llegar al alto del collado, previsto para el Campamento,
el “staff” de sherpas ya tenía preparada las bebidas calientes y la cena, que
el equipo tan solo al salir del asombro ante el espectáculo que se abría hacia
los 4 puntos cardinales, procedieron entre todos a montar las carpas
correspondientes. Aunque suene raro ir a dormirse a las 5:30 de la tarde, más
raro puede sonar salir a caminar a las 2:00 am, especialmente si hay que
hacerlo a -12°C y bajo el innegable esfuerzo que implica caminar en la altura.
Todo este esfuerzo bien vale la pena cuando el sol comienza a esclarecer las
altas cumbres que circundaban el “Lobuche”, cuya cima se aproximaba a cada
paso… Un encuentro sublime entre la noche y el día que bajo caricias y besos
convertían la belleza de la noche en el imprescindible calor del sol. A las
7:00 am los primeros integrantes del equipo llegaron a la cumbre del “Lobuche
East” con la alegría de un sueño hecho realidad, que se realizaba aún más a
medida que un nuevo integrante del equipo pasaba a formar parte de ese manojo
de sonrisas que incrementaba la alegría del objetivo logrado.
Entre
fotos, banderas de oraciones, recuerdos familiares, las mentes tuvieron que
“aterrarse” y emprender el regreso hacia el lejano “Campamento Base”, pero nada
más agradable que ese cansancio que queda después del anhelado logro.
Ahora
una vez más en Dingboche, disfrutando de esa modesta pero innegable comodidad
que ofrecen los “Lodges” y sus anfitriones, un poco de calor de chimenea, algo
de “rackshi” (licor de arroz local) y muchos comentarios y expectativas…
El
29, las montañas se encendieron con todas las tonalidades de rosado, adornadas
por un extenso velo blanco que contrastaba con el intenso azul del cielo… uno
de los amaneceres más hermosos que tuvimos durante todos estos días. Las
comodidades de Dingboche, un buen baño, buena comida y señal de Internet,
parecían mantenernos anclados a este lugar, hubo que hacer un verdadero
esfuerzo para emprender el camino hacia nuestro siguiente objetivo… el “Inja
Tze” (Island Peak). Un camino empedrado en la margen izquierda del río “Inja
Khola” iba adentrándonos hacia este profundo valle nevado que se extendía
infinitamente hacia las fronteras con Tibet, y en cuyo centro se encontraba… el
“Inja Tze”, vigilado por ese gran gigante, el “Lhotse”, cuya oscura sombra lo
abarcaba todo bajo el manto helado de su mirada.
Hoy
30, aparentemente pasaremos el día en el campamento, el sol es nuestro único
aliado y consuelo frente al fuerte frío y el creciente viento que ha comenzado
a golpear las aristas somitales del “Inja Tze”. Las horas pasaban entre
conversaciones que discurrían esencialmente sobre las realidades del montañismo
en el mercado turístico nacional e internacional, complementado por la
preparación de todo nuestro equipo de escalada que se extendía en todo el
pequeño espacio de la carpa comedor. La “cena” no dejó esperarse y a las 6:30
ya nos estábamos preparando para buscar la mejor posición posible para intentar
dormir las pocas horas que nos quedaban antes de iniciar nuestro ascenso hacia
el “Inja Tze” (Island Peak), que según lo planeado debería ser a la 1:00 am.
Algunas
voces del “staff” comenzaron a escucharse interrumpiendo la helada noche,
indicando que la “lucha” comenzaba, lucha para salir de los “sleeping bag”,
para vestirnos, para comer algo en tan inusual hora, en fin, era la hora para
llevar a cabo nuestros sueños.
Las
linternas rompían el oscuro velo que se extendía al salir de los límites de la
carpa comedor. Como una hilera de penitentes poco a poco nos adentrábamos en
los reinos de la montaña, un lacerante frío cortaba cada centímetro de la piel,
congelando inclusive las ideas. Cada uno luchaba por el siguiente paso y
lentamente la altura iba cediendo ante la voluntad de cada uno de los
integrantes del equipo.
Los
colores comenzaron a tener sentido y la monotonía de la luz de las linternas
frontales fue dando paso a una fiesta de colores que danzaban entre las notas del blanco enceguecedor hasta
el azul profundo. Las horas pasaban y antes de llegar a la cumbre la pendiente
final se levantó inclementemente como queriendo detener el paso, sin embargo
lentamente, uno a uno fueron compartiendo la alegría de la cumbre de esta
hermosa montaña. A las 8:00 del día 31 el “Imja Tse” le permitía a nuestro
equipo alcanzar su cumbre, fotos, abrazos… mucha alegría, llenaban los
corazones de todos los afortunados.
El
objetivo estaba cumplido, ahora el regreso, ese momento en el que “algo” de
nosotros queda enterrado en la nieve, diluido en el aire. Ahora, sentado en la
posada “Paradaise” de Lukla, todos estamos más “delgados”, algunos dirían que
es por el esfuerzo físico nos ha hecho perder mucho peso, yo digo que son los
“sueños”, esos que han quedado en los bosques de “Deboche”, en las cumbres
heladas del “Lobuche” y el “Imja Tze”, los que han quedado atrapados en la
mirada de cada humilde habitante de estas montañas… en los mantras de cada
“mani”, los que han recitado los Lamas junto a nosotros… todo esto aligera el
cuerpo y llena el espíritu de energía, esa que nos hará regresar a casa y
lograr entender que los sueños no llegan solos, que hay que construirlos a cada
paso, a cada respiro… en cada sentimiento.












Hayyy ALFREDO, ésta anhelada y hermosa vivencia ha sido desde toda mi vida un esperado viaje, ya no se me dará en lo que me resta de vida, tal vez algún día reencarnaré y podré estar allí, en las heladas y arropadas tundras de nieve, quizás como un pequeño insecto curioso o quizás un halcón que pueda volar hasta donde llegue...
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